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La Fundación JGN convoca el XII Concurso de Micropoemas

"El parque pequeño", libro elegido para el Concurso

El día 3 de octubre de este año se abre la convocatoria del XII Concurso de Micropoemas José García Nieto 2025.


Los micropoemas podrán presentarse a través de la web: www.micropoemasfjgn.com.

En la web del concurso se encuentran las bases completas.

El plazo de admisión comienza el 3 de octubre de 2025 y finaliza el 18 de noviembre de 2025 a las 23,59 horas (hora peninsular española).

El día 25 de noviembre de 2025 se hará público el listado definitivo de micropoemas admitidos al Concurso según lo establecido en las bases.

Desde el día 25 de noviembre hasta el 23 de diciembre de 2025 se abre el periodo de votaciones a través de la web del Concurso, para escoger los micropoemas que serán valorados por un jurado profesional y para seleccionar la Mención Especial del Público. 

El día 20 de enero de 2026 se hará público el fallo del Jurado.

Los versos elegidos en esta ocasión por el presidente del jurado, Fernando Carratalá, son:

..."Desorbitadamente quieta
está la noche entre los dos"...

Pertenecen a un libro de poemas de García Nieto publicado en 1959, titulado El parque pequeño.

El poeta dedica este libro a un pequeño parque situado en la parte trasera de su casa, en la madrileña Avenida de los Toreros, en la que vivió casi toda su vida y donde escribió la mayor parte de su obra. En él iba plantando un árbol por el nacimiento de cada uno de sus hijos, y este parque se convirtió en el lugar preferido de los niños para sus juegos. 


Placa en la fachada de la casa donde vivió el poeta

Fragmento de El parque pequeño

IV

...y un día...
las voces, los juegos de los niños fueron, despacio,
dando sentido al patio, fueron
dando totalidad al aire,
suficiencia a la tierra. El centro
del mundo, de su mundo, era
éste. ¿Y lo es?, pregunto, pienso...
Los niños inventan, recrean,
fingen y truecan, y hacen cierto
lo imposible, y lo entregan siempre:
dan al sueño lo que es del sueño.
Saben volver lanzas las cañas,
duendes las sombras de los dedos,
caballos las sillas inmóviles,
trenes sus sucesivos cuerpos.
Apenas hablan y ya tienen
la bautismal gracia en el verbo,
la lengua de un poblado suyo,
de un paraíso extraño el eco.
Nadie les dijo: lo nombraron
un día porque eran sus dueños,
porque en sus labios cada cosa
empezaba a nacer de nuevo,
porque Tú les favorecías
desde un lejanísimo empeño,
porque eran como tus acólitos 
ayudando a tu ministerio.
Desde entonces todos decimos
como dicen, como dijeron.
Con la palabra fue más dulce
la vecindad, más blando el suelo.
Y, al solo nombre pronunciado 
y repetido ¡ábrete, sésamo!-,
fueron más claras las paredes,
más buscado y amable el cerco,
más entendida la pobreza,
el tributo sentido menos...
Una mañana, a los tejados,
a las hojas del árbol fresco,
por ese lado de la caja,
Señor, eternamente abierto,
se acercaron, multiplicándose,
los grises gorriones domésticos.
Para vosotros, hijos míos,
éste fue el diálogo del vuelo.
Y ¿es suficiente? Es suficiente;
hoy lo sé bien, hoy lo compruebo,
cuando nos traen sonando el día,
cuando se acercan respondiendo
a la mano que siembra el pan,
cuando cobijan su silencio
bajo las tejas con la lluvia,
cuando bajan de los aleros
hasta el manjar disputadísimo,
voraces, tímidos, inquietos...

IX

¿Eran éstos la luz y el día?
¿éstos el verso y la ocasión?
¿la delgadez justa del aire?
¿el preciso golpe de sol?
¿éstos los ojos que han mirado?
¿ésta la mano que escribió?
(La noche está clara y desnuda
después del día) El Parque no
tiene ya pájaros ni tiene 
niños; está sola la flor
sobrecogida de la arena
recién jugada. Arriba, Orión
abre sus aspas poderosas.
Se oye levísima la voz
del viento. Suena entre los árboles
quizá como nunca sonó.
(La noche nace como un río
de las manos mismas de Dios).
Yo miro desde mi ventana.
Yo no rezo ni lloro. Yo
no pregunto ni espero. Miro.
Te sé mirándome, Señor.
(Desorbitadamente quieta
está la noche entre los dos).
¿Qué mandato el de tu palabra?
¿qué música la de tu voz?
No hay nadie. No, Señor; no hay nadie.
Solo con mi silencio estoy.
Solo contigo. Me das miedo.
¿Y a Ti no te doy miedo yo?
(La noche es una espada fría
que amenaza con su fulgor).
Luchamos denodadamente
para ganarnos. ¡Cuánto amor
nos dejamos en la batalla!
Los caballos de mi pasión
piafan inquietos en la sangre,
pero tu ejército es mejor.

Ejemplo de intertextualidad con un poema de José García Nieto