RUEDA BRILLANTE DE LA NOCHE     

 

 

Rueda brillante de la noche,

timón celeste desde el sueño,

donde la mano de Dios lleva

hombres de tierra hacia sus puertos.

 

No conocemos nuestro rumbo;

irremediablemente ciegos,

vamos, a tientas, golpeándonos

con los lugares del deseo.

 

Son los corales del pecado,

las algas -brazos- en el cieno,

y son las islas del olvido

y el arrecife de los besos.

 

Todo era hermoso en la distancia;

todo es mortal en el encuentro;

quedan arriba, inalcanzados,

fijos en el timón, sus dedos.

 

Solo está el hombre cuando escucha

su corazón en el silencio

y, ebrio de amor, bajo los astros,

sabe imposible su regreso.

 

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