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VERSOS DE UN HÚESPED DE LUISA ESTEBAN
LLEGADA
La luna de agosto viene en hombros del Guadarrama.
Tus tejados, Luisa Esteban, hace tiempo que la aguardan.
La luna parce un río desbordado por Las Navas.
quién me diera un San Cristobal que a la puerta de tu casa, con un pino por cayado, dulcemente me llevara.
! Que me ahogo, Luisa Esteban, en esta luna de agua!
Con un anillo en el cuello me revolvía en tus sábanas que aullaban en mis oídos como el viento entre las ramas.
Por una tierra de lobos me sorprendió la mañana. - - - - - - - - - - - - - - -
SONETO DE LA NIEVE TODAVÍA
Mira como se quema el Guadarrama en sus torres azules. Esa loma tiene un poco de nieve, una paloma que ha librado sus alas de la llama.
Que desierta de pájaros la rama donde a la luz mi corazón se asoma, como un clavel de invierno sin aroma como un campo segado de retama.
Crezco de amor bajo este sol tendido, y crecen las montañas imitando el hielo que mi ardor no te ha deshecho.
Bajo un ave de nieve estoy vencido y están sus alas frías coronando una sierra de sangre por mi pecho.
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DESPEDIDA
Vuelvo a mi casa , más alta que la tuya, Luisa Esteban, pero sin una ventana que de al atrio de la iglesia. - ! Adiós, adiós! - Y no oyes, Luisa Esteban.
No levantarás el cántaro, por mí, de su cantarera, con el agua del algibe, sonora, delgada y fresca. En tu cama de altos hierros no dormiré más la siesta. Ni en tus sábanas de hilo, Luisa Esteban.
Porque a mí me llevan - mira, tú que no oyes, mi pena - amores de otras ciudades hasta otra calle cualquiera que no es ésta con un toro descansando ante tu puerta. - - - - - - - - - - - - - - - |