TALLER DE ARTE MENOR

      Y CINCUENTA SONETOS

 

  AMOR ES LA PALABRA    

 

HABLAR no vale, Dios mío;

sé que hablar no vale.

Que no vale escribir porque estamos envolviendo, ocultando,

cegando la palabra que nos delate.

Sólo una vez  -y no recordamos cuándo-

nos la encontramos en una esquina, fácil;

la sorprendemos en una garganta,

todavía sangre,

sombra todavía,

poco antes de pronunciarse.

Acaso la vimos un día desnuda

en los labios de alguien,

o en una frente, una ventana,

donde quería asomarse.

(Surcos de miedo nos detienen, sujetan el corazón,

como ante una puerta que se abre

y da al vacío,

da a la palabra, ¿o da más bien al aire?)

 

Tú me oyes, tímido conmigo;

forzado conmigo, y anhelante.

Yo te hablo, hombre; podríamos gritar ahora,

a un tiempo, la palabra, y la vida caería en trance.

Y ya todos podríamos conocernos en una noche de viento,

en un golpe de mar, o en la luz que entra en

esa habitación sin nadie.

Pero nos quedamos mudos, tenemos miedo,

somos ecos errantes

de alguien

que dijo la palabra un día.

Parece tan lejos la clave...

Y, callados, soportamos

el diario examen.

Y nadie contesta del todo,

nadie se atreve a decir, nadie,

que Amor es la palabra.

Una música suena para el mundo. Oidla.

Una llama se enciende. No dejéis que se apague.

     

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MUCHACHOS EN UN ENTIERRO

 

Estos hijos míos han ido hoy

por primera vez al cementerio.

Disciplinados voluntariamente

y un poco serios,

se han estado vistiendo.

El se ha puesto chaqueta y corbata

y zapatos negros.

Ellas han buscado entre sus vestidos el menos

llamativo, el que hoy por vez primera

se necesitaba discreto.

Han hablado poco y me han mirado mucho

y en silencio;

casi a hurtadillas,

como pensando y creyendo

que era cosa de mayores

esto de los muertos.

" ¿Qué hay que decir? "..." ¿ Cómo lo hacen? "...

" ¿ Cuánto dura un entierro? "...

Los tres iban y venían

como preparándose para un festejo;

los tres - ellas decían: " ahora van las mujeres

también " - se tropezaban, más tiernos

que otros días, hablaban

como más certeros;

se compadecían con la muerte

un poco sonámbulos y, sin saberlo,

entraban -! con qué audacia! -

firmemente en su reino.

De pronto han visto que morir

tiene también su argumento,

sus entradas, sus salidas

y su inevitable acto tercero.

Iban a la representación,

creo,

con un poco de curiosidad

y otro poco de miedo,

y hasta con un pedacito de la pena

del amigo huérfano.

Estaban solos de mí ante la muerte

porque yo no conocía al caballero.

Eramos como dos mitades de un fruto

nunca visto por dentro.

y se miraban, y me miraban,

y no acababan de entenderlo.

Aunque no sonara mi voz,

ellos

eran

el eco...

"Un día somos espectadores

y otro día seremos

protagonistas,

centro.

EStamos en primera fila

o en la última, donde casi no vemos,

donde casi no oímos..."

 

"No; no era muy viejo..."

Y vuelven a mirarme

detrás de un extraño hielo,

desde la otra orilla de un río

que no cruzaremos.

Una sombra

hay en medio

del agua, una barca

sin remos.

 

Apenas hemos hablado

cuando han vuelto.

Venían de asomarse a la boca ávida

de la tierra, al secreto

último,

y han dejado pasar el cortejo,

sin acercarse mucho.

El regreso

era la vida misma. Y el viento

movía ya

de nuevo

las altas ramas de los árboles

de nuestro

" Parque

pequeño ".

Ha sido mejor no acompañarles,

no conocer al caballero.

Han asistido solos a un ensayo " con todo "

de lo que tanto temo.

Sé que un día

incierto

" se quedarán los pájaros cantando " ;

pero

¿ quién dijo

miedo?

Al fin y al cabo, la muerte

no es más que eso.

A las seis de la tarde todo ha pasado,

todo empieza a alejarse en el tiempo.

A las siete de la tarde mis hijos se han puesto

otros vestidos y se han quitado

los zapatos negros.

Era como si la muerte hubiera aflojado

sus dedos.

Otro día se quedarán solos con ella,

solos y compuestos.

Mañana, mañana, mañana...

O luego, luego luego...

 

Es mejor que yo no haya ido

al cementerio

porque no conocía

al caballero.

 

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       RUINAS DE UN CAFÉ

 

Me acompañáis ahora ante esta puerta

deshecha, hojas con lluvia enternecida,

vientre de una pared, cal percibida

por una reja rosa, malva, muerta.

 

Yace mi juventud en la desierta

cueva. ¿ Quién habla dentro? -" ! Vida!

                                                         ( ! vida! "-

se oye gritar. La mano que no olvida,

al ver su soledad se desconcierta.

 

Hay escombros con luna; son jazmines

que le roban su luz a los jardines

y traen el cuello aquél, aquella frente.

 

Aquí estuvo el amor; otra vez puro,

- " ! Vida ! ! vida ! "-, dirá desde lo oscuro,

y otra vez matará al adolescente.

         

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