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SÚPLICA POR LA PAZ DEL MUNDO Y OTROS " COLLAGES "
VI
Desde el vértigo hablo, abandonado casi por esa mano que sostiene mi cuerpo en la ladera agotadora. Mis pies resbalan en la piedra húmeda, manchada con la sangre de los héroes. Yo mismo araño el suelo, arranco piedras y tierra, que ahora caen en mis hermanos. En la mitad de la montaña hablo, pidiendo luz que ya no pueden darme las ventanas, los ojos de los muertos. (Sobre el pretil de una azotea habían puesto una piedra solimán. A ella iban llegando todas las hormigas, y, en probando a comer, caían muertas. Y, como si enviaran mensajeras a las que estaban como a media legua y hasta un alrededor, para invitarlas al solimán, veíanse caminos llenos de ellas viniendo al monasterio).
Madre que caes, Ofelia niña, hija, sombras del caracol, golpes sin música de la campana hundida; catedrales, barcos de sal, botellas a la nada, desolación de las mensajerías, sé que la voz no os llega que no sirve decir los nombres del amor. ! Valedme ! Devolvedme la fe, la fe en el hombre, la fe en el lobo, solo en el desierto, criatura de Dios que acaso miedo tiene del hombre y mata por el hombre. Un corro de verdura había; tengo la mirada en la casa que no existe, las manos en la fuente que no vuelve, y si la toco es sangre en las acequias. No quiero ser el hombre; no, no quiero ser el brazo que se arme contra el brazo, el horror que entre horrores se confunda. No quiero ser el pozo de mi mismo, la herida de mi mismo desangrándose; no quiero desertar del hormiguero donde toda armonía se destruye, toda belleza cae, toda estatura termina ciegamente violentada. No quiero ser el hombre si he de serlo fuera del techo de la paz. El hombre que por matar al hombre se ha creído inmortal a las puertas de la muerte. - - - - - - - - - - - - - - -
LA SOLEDAD DE UN ROSTRO (Con versos de Luis Cernuda)
Todo está iguál, aunque una sombra sea de lo que fue hace siglos, mas sin gente. Como contigo, un alba me rodea; como a tu lado, oscura está mi frente.
Por otro cuerpo vas, por una idea que tre su agudo rayo de repente, y todo lo enriquece y lo verdea al viento matinal, junto a la fuente.
Voy a tocar el agua, como un ciego que sigue el muro del ayer, y luego al ver mi rostro de hoy, hundido y triste,
cierro los ojos sobre el tiempo mío para dejar tan solo en el vacío brillar más puro el resplandor que fuiste. - - - - - - - - - - - - - -
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