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SONETOS
Y REVELACIONES
DE MADRID
LA PALOMA EQUIVOCADA A Rafaél Alberti.
Norte, sur, este, oeste... Una paloma de otra torre venida, desnortada, de balcón a balcón - tibia nevada - lenta se esconde, tímida se asoma.
" No todos los caminos van a Roma", piensa ya la paloma equivocada. El poeta lo sabe. ( ! Casi nada sabe el poeta ya del daca y toma! ).
Pero a la nieve nadie la sujeta; libre se cree, desde el tejado al plinto, como si fueran sus caminos diarios.
Y esto no lo sabrá nunca el poeta ni la paloma ni su laberinto, sino mi corazón y sus contrarios. - - - - - - - - - - - - - - - SONETOS A LA ALAMEDA DE OSUNA
Le ha nacido un jardín en la cabeza a la esfinge silente, arrodillada, y un concierto de música dorada, tras de la verja, sin cerrar, empieza.
Golpea otoño aquí. La fortaleza del llamador no alcanza la posada. " !Ah, de la casa...!" Y nadie. No, no hay nada que despierte a la piedra en su belleza.
Desnuda espalda en la muchacha ungida; hombros nunca vencidos por la muerte: labios que han entregado un solo beso...
Tiene nombre quien nunca tuvo vida, y el agua al repetirlo nos advierte que eso es la gloria, y que el amor es eso.
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SONETOS EN EL MUSEO DEL PRADO EL GRECO
Desde niños nos hemos conocido. Yo te tenía miedo. Eras la llama de la muerte, el sarmiento, la retama: siempre ardiendo de amor, siempre ofrecido.
Había visto a Dios por tí, transido, hecho hombre por tí; roja la rama de un árbol infinito, del que ama muriendo y en la muerte halla sentido.
Hoy que te encuentro aquí, sigues clamando, mueres para seguir resucitando y más me dueles cuanto más te admiro.
Ya, de niños, nos vimos en Toledo. Tú eras el cielo y te tenía miedo, y hoy tengo miedo al cielo si te miro. - - - - - - - - - - - - - - - - |