SONETOS POR MI HIJA

                                                                                                        

         TODAVÍA EN SILENCIO      

 

Te han nacido los ojos con preguntas,

y sin cesar me asedias preguntando.

Y yo sin contestar... Hija ¿ hasta cuando

mudos tú y yo: dos ignorancias juntas?

 

¿ Hasta cuándo en silencio irán las yuntas

de tu asombro y mi amor; de mí, temblando,

y de tí, poco a poco, asegurando

música sin palabras...? Sé que apuntas,

 

en brotes de miradas, rosas rojas

que un día se harán voz contra mi pecho

y tendré con la voz que responderte.

 

Se turbará mi otoño entre tus hojas,

y las mías serán un vasto lecho

donde al hundir tu pie suene mi muerte.

             

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                 EL HACEDOR    

 

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                    EL MOTIVO

 

 Porque eres tú quien cumple la medida

de mi sueño mortal; porque tu clara

fuente es mi trago ya; porque tu cara

me copia -! oh, Dios, cuánta inocencia urdida-!;

 

porque se hace costumbre de mi vida

la flor de tu brazado con su rara

evidencia de carne; porque ampara

más tu desvalimiento, en el que anida

 

un fuego de mañana, que esta tarde

que soy, donde tu luz primera arde

señalando el camino; porque el beso

 

tiene un temblor no usado; porque el día

despierta y abre en otra melodía,

he vuelto a hablar, casi a cantar... por eso.

               

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                 MATERNIDAD

 

 Como flecha en el arco del arquero,

espiga en los trigales del verano,

palabra en el cantar del hortelano,

tú en su regazo, pero tú primero;

 

porque en el corazón es más certero

el blanco y no es oficio de la mano,

porque apenas sin ser estás ya en grano,

porque está sin decir tu verso entero.

 

Y qué ligero el aire por la flecha,

qué dorado el agosto en la cosecha

qué alta la copla al descansar el brazo...

 

Pero entre ligereza tan volada,

oro total o música alcanzada,

tú, hija mía, más bella en su regazo.

 

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