RETABLO DEL ÁNGEL, EL HOMBRE     

                                      Y LA PASTORA

                                                                                                                    

                                  FRAGMENTO FINAL

 

 Cae el hombre de rodillas, y la Doncella, como despertando de un sueño se levanta y camina hacia la montaña. A su paso se van enfriando las piedras, y el Hombre, detrás, pisa seguro. Éste se vuelve al Ángel, que le sonríe a las primeras luces del alba.

 

                HOMBRE

¿Por qué dejaste, por qué

que consiguiera mi intento?

Corta mi voz y mi aliento

por la rama que corté.

¿Cómo le devolveré,

buen Ángel, doncellería?

Ángel, ¿ por qué robaría

lo que ahora sube en las andas

del alba, casi en volandas

hasta mi alta montería?

               ÁNGEL

Hombre, tu amor te ha salvado

y yo salvé a la Doncella.

Tu brazo no llegó a ella.

Sobre el deseo exaltado

yo puse un sueño pesado

que en el umbral te abatió.

La tierra no floreció

para el mal y su recreo.

              HOMBRE

! Estoy ciego a lo que veo!

¿ Quién cambió mis ojos?

           DONCELLA

                                      Yo.

             HOMBRE

¿ Y ahora...?

          DONCELLA

            Sube a los alcores,

vencedor de primaveras.

Yo clavaré tus banderas

sobre mis palos mayores.

Ya llegan los cazadores,

anunciadores del alba,

quemando pólvora en salva

de bienvenida y saludo.

El día es un niño mudo

que aprende a hablar en la malva.

 

Llega rotundo el día entre los disparos de madrugada de los cazadores.

 

                JARA

Que mi pecho se abra,

y guarde el corazón de mi semilla

tu primera palabra.

              RÍO

Señal de tu rodilla

daré multiplicada por mi orilla.

            MONTAÑA

Daré de loma en loma

la noticia de amor de la Doncella;

sus ojos de paloma

que ha encendido una estrella,

su mejilla de almendro y de grosella.

              ZARZAMORA

No tocaré su piel

cuando su mano tienda a mis espinas.

            ROMERO

Mi aroma para él.

           HOMBRE

Para ella, la más fina

lágrima del arroyo y la resina.

                  LIRIO

Hombre, cuando tú vengas

se rendirán mis lanzas a tu paso.

           AMAPOLA

Doncella, haré que tengas

el labio en que me abraso

y el tacto delicado de mi raso.

 

Las malas flores, arrepentidas, ofrecen sus gracias a la Doncella.

 

        ZARZAMORA

! Pide!

             LIRIO

            ! Pide!

          ROMERO

                      ¿ Qué quieres?

             DONCELLA

Pastor, sólo te quiero y nada pido;

Quiero verte como eres

y soñar con un nido

donde ante Dios te tenga por marido.

                  HOMBRE

Señor, Señor. Tu gracia me convida

a ser de miel ganada y verdadera.

Dame el trabajo diario de la cera

sobre el panal difícil de la vida.

Señor, si ví los bordes de la herida,

la espada de mi anhelo, tan primera,

en trance de esperada primavera

quedó alzada en el aire y ya vencida.

Todo el rumor del bosque se me adentra,

me dice de tu voz, y dice el río

de una ruta y un fin que Tú señalas.

Ya te pide mi boca y ya te encuentra

mi mirada en la luz, y el paso mío

se ciñe a la costumbre de tus alas.

 

Guiado por el Ángel, el Hombre alcanza la cumbre del monte de donde bajó, pisando por las huellas de amor de la Doncella.

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