LOS CRISTALES FINGIDOS  

                                                                                                                 

 

 

       JUEGOS ALLÁ ABAJO     

 

Está sonando

una guitarra.

Muchachos

y muchachas,

cantando,

la acompañan.

Suben las voces

acordadas,

distintas,

hasta mi ventana.

Ahora son ciertos los cristales

por todo lo que separan.

Su juventud y su música

y mi música callada.

Aparecen las frescas

mejillas rosadas

bajo esta nieve

asomada

a las sienes del hombre

que se resiste a afrontarla

con la cabeza

alta.

Los muchachos hacen una rueda

y cantan.

De pronto la rueda

se para,

y alguien sale del corro

hacia una muchacha

a la que besa

en la cara

como en un rito, como en una

ceremonia sagrada.

No ceden,

no bajan

los ojos de él y de ella;

exaltan

el triunfo

que se alcanza

en los días que ya no vuelven nunca.

Las cartas,

precipitadamente servidas,

marcan

la cifra ciega

de la esperanza.

¿Qué sentirá esa boca

mañana?

Vendrán otras bocas

a besarla,

a hundirse como náufragos

entre la piel dorada.

 

Ahora sigue sonando

la guitarra

al lado del círculo.

Y nadie la salva,

nadie puede

salvarla

de su música

dramática.

Para el que mira

todo, allí abajo, canta.

Y aquí, en los cristales

ciertos, la mirada

del hombre

se afana

por llegar a la entrada

de la tienda prohibida

y levantada

ante sus ojos.

Todos parece que se aman,

y no lo saben, ni saben

que el solitario habla

desde una torre

alta,

ya casi

derrumbada.

El sabe bien que nadie escucha,

que a nadie importa su palabra.

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    LOS CRISTALES FINGIDOS

    

Aquellos lejanísimos cristales

¿se han roto, oh Dios, o se han oscurecido?

Entre sombras camina el que ha perdido

del cielo azul las únicas señales.

 

Ayer de mis más altas catedrales;

ayer del corazón y su sentido;

ayer de un sueño hermoso y compartido,

con Él siempre asomado a los vitrales,

 

¿ qué fué del hombre, qué de aquel sustento

tan traído y llevado por el viento

con cada día de la primavera....?

 

¿ O nada era verdad ? Oscuro, oscuro,

golpeó el ciego impenetrable muro.

No era la luz, pero el cristal si era.

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                  OTRA VEZ

                         ( I )

Otra vez, padre mío , en el recuerdo,

en la desolación del desterrado.

! Qué poco, padre mío, te he llorado !

Voy a pensar en tí...Dudo, me pierdo.

 

Me cobijo en un bosque sin salida.

! Gritad, pinos de Soria ! Él nos espera

en no se que imposible primavera

donde el amor renacerá a la vida.

 

Renacerá a la vida, a la costumbre.

De tí me llegará la nueva lumbre

que libere al hogar de tanto frío.

 

Tú  no me ves; no estás. Vuelve a nacerme,

vuelve con tu gran mano a adormecerme.

! Qué poco te he llorado, padre mío !

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      LOS CRISTALES FINGIDOS  

                          ( II )

 

Escribo, los. Tres letras no son nada,

ni tres reyes, ni tres tabas de hueso,

ni los labios unidos por el beso,

ni los cielos que traen la madrugada.

 

¿ Y esos cristales ? Carne atravesada

por la espada de un sol sin voz ni peso.

Memoria del cristal...Decid ¿ qué es eso ?

Ruinas de una ciudad abandonada.

 

Abandonada, incierta por fingida.

Fingir, cuidar y sostener a un hombre,

impedirle que vuelva la cabeza,

 

hacia la vida. Pero ¿ qué es la vida ?

Los cristales fingidos de mi nombre

que apenas dan a un patio sin belleza.

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