LOS CRISTALES FINGIDOS
JUEGOS ALLÁ ABAJO
Está sonando una guitarra. Muchachos y muchachas, cantando, la acompañan. Suben las voces acordadas, distintas, hasta mi ventana. Ahora son ciertos los cristales por todo lo que separan. Su juventud y su música y mi música callada. Aparecen las frescas mejillas rosadas bajo esta nieve asomada a las sienes del hombre que se resiste a afrontarla con la cabeza alta. Los muchachos hacen una rueda y cantan. De pronto la rueda se para, y alguien sale del corro hacia una muchacha a la que besa en la cara como en un rito, como en una ceremonia sagrada. No ceden, no bajan los ojos de él y de ella; exaltan el triunfo que se alcanza en los días que ya no vuelven nunca. Las cartas, precipitadamente servidas, marcan la cifra ciega de la esperanza. ¿Qué sentirá esa boca mañana? Vendrán otras bocas a besarla, a hundirse como náufragos entre la piel dorada.
Ahora sigue sonando la guitarra al lado del círculo. Y nadie la salva, nadie puede salvarla de su música dramática. Para el que mira todo, allí abajo, canta. Y aquí, en los cristales ciertos, la mirada del hombre se afana por llegar a la entrada de la tienda prohibida y levantada ante sus ojos. Todos parece que se aman, y no lo saben, ni saben que el solitario habla desde una torre alta, ya casi derrumbada. El sabe bien que nadie escucha, que a nadie importa su palabra. -----------------------------
LOS CRISTALES FINGIDOS
Aquellos lejanísimos cristales ¿se han roto, oh Dios, o se han oscurecido? Entre sombras camina el que ha perdido del cielo azul las únicas señales.
Ayer de mis más altas catedrales; ayer del corazón y su sentido; ayer de un sueño hermoso y compartido, con Él siempre asomado a los vitrales,
¿ qué fué del hombre, qué de aquel sustento tan traído y llevado por el viento con cada día de la primavera....?
¿ O nada era verdad ? Oscuro, oscuro, golpeó el ciego impenetrable muro. No era la luz, pero el cristal si era. - - - - - - - - - - - - - -
OTRA VEZ ( I ) Otra vez, padre mío , en el recuerdo, en la desolación del desterrado. ! Qué poco, padre mío, te he llorado ! Voy a pensar en tí...Dudo, me pierdo.
Me cobijo en un bosque sin salida. ! Gritad, pinos de Soria ! Él nos espera en no se que imposible primavera donde el amor renacerá a la vida.
Renacerá a la vida, a la costumbre. De tí me llegará la nueva lumbre que libere al hogar de tanto frío.
Tú no me ves; no estás. Vuelve a nacerme, vuelve con tu gran mano a adormecerme. ! Qué poco te he llorado, padre mío ! - - - - - - - - - - - - - - -
LOS CRISTALES FINGIDOS ( II )
Escribo, los. Tres letras no son nada, ni tres reyes, ni tres tabas de hueso, ni los labios unidos por el beso, ni los cielos que traen la madrugada.
¿ Y esos cristales ? Carne atravesada por la espada de un sol sin voz ni peso. Memoria del cristal...Decid ¿ qué es eso ? Ruinas de una ciudad abandonada.
Abandonada, incierta por fingida. Fingir, cuidar y sostener a un hombre, impedirle que vuelva la cabeza,
hacia la vida. Pero ¿ qué es la vida ? Los cristales fingidos de mi nombre que apenas dan a un patio sin belleza. - - - - - - - - - - - - - - - |