LA RED
LA PARTIDA
Contigo mano a mano. Y no retiro la postura, Señor. Jugamos fuerte. Empeñada partida en que la muerte será baza final. Apuesto. Miro
tus cartas, y me ganas siempre. Tiro las mías. Das de nuevo. Quiero hacerte trampas. Y no es posible. Clara suerte tienes, contrario en el que tanto admiro.
Pierdo mucho, Señor. Y apenas queda tiempo para el desquite. Haz Tú que pueda igualar todavía. Si mi parte
no basta ya por pobre y mal jugada, si de tanto caudal no queda nada, ámame más, Señor, para ganarte.
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LA PALABRA
Sientes mi sangre y bien te siente ella por la senda que voy, palabra mía. Después de tanto andar, ¿ cómo podría dejarte eternidad en cada huella...?
Ya sé que eres mortal. Y tu doncella vestidura será memoria un día sin sombra de verdor... ! Si todavía hablaras, oh, por mí, luz sin estrella!
Si pudiera olvidar lo que madura dentro de tí... Tocada de hermosura hoy, te miras mañana ya distante.
Voz que en la flor del labio se amortaja, fuego que una ceniza torpe ataja, grito que amor me dió para un instante.
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LA RED
Son los hilos aquellos. Se han trabado mejor -¿ mejor? -. Que dura es la salida con el mar que amanezca.Y cuanta herida, y cuánta amarga sal por cualquier lado.
Oh, dedos que la red han anudado; cárcel de amor doliente y escogida; vientos esperanzados de partida cuando todo en el alma ha regresado.
Retorno a la pasión de cada viaje; arrastro, cargo y hundo mi cordaje para volverlo a recoger vacío.
Tú en el centro, Señor de las batallas; yo, gladiador inerme entre las mallas, y el agua fugitiva, el verso mío.
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