Salutación de Camilo José Cela.

 

La prueba más dura y cruel a la que puede someterse a un poeta

es la de ponerlo a escribir en prosa; la mayor parte de ellos fallan y se

delatan porque la poesía quizá no sea un arte que pase por la cabeza,

 como  la novela o la arquitectura, sino una enfermedad del sentimiento,

como la  música y la danza. El hecho de que esta enfermedad pueda ser

gloriosa, como con frecuencia lo es, no desvirtúa ni un ápice lo que aquí

se supone. Los caminos del arte, como los de la belleza, son incontables y

cualquiera puede ser bueno si es bueno el resultado obtenido.

Inversamente,  el sendero de la inteligencia es único aunque pueda ser

varia su expresión. Para las artes  geométricas -el toreo, el ajedrez, la poesía-

 no cuenta el talento  sino el dibujo que pintan las circunvoluciones de la

sesera en su laberinto, que tanto pueden dibujar la huella del genio como la

de su primo carnal: el tonto.

     La cruz, el envés, de esta regla general enunciada no tiene por qué ser

 cierta, y el ejemplario de los poetas inteligentes no habría de resultar

difícil  de componer; quiero decir que la poesía procede al margen de la

inteligencia y que la calidad de aquélla no implica la presencia de ésta

aunque, en justa contrapartida, jamás le dañe.

       Agradezcamos a García Nieto el favor que a todos nos hace al añadir

un punto de claridad a lo que ya empieza a ser claro. La literatura es la

expresión de un pensamiento que, en su origen, no tiene por qué ser

literario. La literatura  es la concreción de un sueño que, en su cuna, nació

para  ser olvidado.  La literatura es la incisión que se hace en el tiempo

para que siga su fluir y no se tope jamás con un final redondo. No: el

tiempo, como la literatura, no tiene ni principio ni fin; lo que quizá pueda

morir redondo es el tiempo -o la literatura- de cada cual (hombre, anécdota

o período histórico, que esto importa menos).

     Joege Guillén, el altísimo poeta de quien el autor de este libro toma el

título que le da, sabe que la poesía no cabe sino en el poema; lo único que

nos falta por aclarar es la identificación última del poema que, en su más

honda esencia, no puede ni confundirse con el verso ni escindirse de la

prosa. Y entonces y una vez más: ¿dónde, los géneros literarios?

                                                                                 Camilo José Cela

 

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