CIRCUNSTANCIA DE LA MUERTE

 

COPLAS POR JUAN RAMÓN JIMÉNEZ EN EL

            ANIVERSARIO DE SU MUERTE

                                         "En verso y prosa, los buenos pies,

                                                      pie de romance octosílabo..."

                                                                                                  J.R.J.

 

Pies de ocho sílabas, dices;

pie de romance octosílabo.

Pero, pies ¿ para qué os quiero

a esta altura del camino?

 

Manos son las que nos duelen

por todo lo que han tenído,

por todo lo que estrenaron,

por todo lo repetido.

 

Juan Ramón, loco de luz,

viejo loco amigo mío;

de tanto amor, dando vueltas

al amor sobre ti mismo.

 

¿ Quién mira lo que has mirado

con tanto afán de infinito ?

¿ qué carbones sustituyen

hoy a tus ojos extintos ?

 

De una mano, de un pié solo,

tenías a Dios cogido

de una minúscula "d",

pero igual en su sonido.

 

Ocho sílabas me pides;

con ocho sílabas digo:

" Loco ¿dónde estás ahora,

alienado, alejadísimo?"

 

Vamos contando, cantando:

Narciso, tú; yo, narciso,

y el agua a los pies se rompe

cuando te miras, me miro...

 

"Aún hay otros", te decían.

"Habla por ellos", me han dicho.

Y tú, solo entre los solos,

y yo, entre todos , solícito.

 

Malos pies, buenos pies, verso

libre, terco endecasílabo.

Da igual. La "D" es lo que importa

con su peso enorme o mínimo.

 

Pobre tú, pobre yo, pobres

de ocho por tres veinticinco;

pobres de solemnidades,

más pobres que el propio rico.

 

Pies que el alma acostumbrasteis

al cantar intransitivo;

pie quebrado, alma quebrada;

luego , pan repartidísimo.

 

Yo que aprendí tu balanza

- un brazo, en tierra, preciso,

y el otro, arriba , tanteando

el peso desconocido -,

 

te estoy preguntando ahora,

cuando por pies has salido,

si tu "d" o mi "D" te han puesto

paz en el otro platillo.

   - - - - - - - - - - - - - - -

 

ORACIÓN POR LEOPOLDO PANERO

EN LA ERMITA DEL CRISTO DE GRACIA

 

Busco tu compañía en esta ermita

donde he entrado a rezar por tí, tocado

de soledad, herido y asombrado

por todo lo que un golpe precipita.

 

Y tú no estás. ¿ O no era aquí la cita?

Estoy solo. Pasaba. Me han llamado.

Y era tu voz; la voz del desterrado

que en el desierto del poema grita.

 

Torre de hombría, paz andante, lumbre

cautiva, acostumbrada pesadumbre:

! cuánto valor sin sitio y tan aparte !

 

Rezo sin entender...¿ Cómo podía

haber sido...? En la Cruz, Él me decía

que lo mejor estaba de su parte.

           - - - - - - - - - - - - - - -

Principal                          Libros