Principal            Biografía     

 

         

 

              

Jorge Urrutia, Paloma García-Nieto, José Mª. Martínez Cachero y Juan Pastor.

 

 

Discurso pronunciado por Paloma García-Nieto.

 

       Ante todo quiero expresarte mi gratitud, José María, por invitarme a esta mesa en la que se presenta tu excelente libro sobre la Revista Garcilaso, y sobre todo quiero darte las gracias por la cariñosa dedicatoria a mi padre, José García Nieto y por el homenaje que hoy se le rinde.

       Efectivamente, no se puede hablar de la Revista Garcilaso sin hablar de García Nieto.

       No voy a hablaros hoy de su obra, de sus casi diez lustros de quehacer literario, de sus más de treinta títulos publicados, de los numerosos premios obtenidos a lo largo de su trayectoria, el último de ellos, el Cervantes en 1996........

       Hoy me gustaría resaltar su importante papel en el desarrollo de la poesía española durante los años inmediatamente posteriores a la guerra civil, en los que José García Nieto, junto con un grupo de poetas con iguales inquietudes denominado “Juventud Creadora” enarbolaron la bandera del “Garcilasismo”. Allí estaban los nombres, entre otros, de Pedro de Lorenzo, Jesús Juan Garcés, Jesús Revuelta, los hermanos Prado Nogueira, Pérez Valiente y Francisco Loredo, último superviviente de la “Juventud Creadora”, y a quien hoy quiero agradecer su presencia en este homenaje.

      La revista “Garcilaso”, fundada y dirigida por José García Nieto, contribuyó a impulsar la poesía que se encontraba adormecida en esos años. Según palabras del profesor Manuel Mantero, “es un hecho que, se quiera o no, la poesía española de la posguerra empieza en la revista ‘Garcilaso’”.

      Los primeros números de la revista se gestaron prácticamente en el Café Gijón. Las mesas de mármol del café se convirtieron en la sala de redacción. Allí, alrededor de las tertulias literarias, se reunían escritores y artistas. La mesa de los poetas era la última del fondo, a la derecha, junto a uno de los ventanales que dan al Paseo de Recoletos.

      Nos dice García Nieto en un artículo sobre el Gijón:

      “...Se nos tilda con demasiada alegría de pierdetempistas, de charlatanes y de amantes del chismorreo. Yo por mi parte puedo asegurar que para mí el café en esas primeras horas de la tarde, hasta que cada uno nos damos a nuestras respectivas actividades, constituye algo así como el despacho perfecto. Trataré de explicarme. Por ejemplo “Garcilaso” yo no podría hacerlo de otra manera ni con menos tiempo. Allí, a la mano, todos los días tengo a mis mejores colaboradores; la indicación de hoy, se hace insistente mañana, y al fin arranco un original de quien lo preciso. Por otra parte esa plaga de poetas jóvenes como dice Azcoaga, que me asedia con sus poemas, plaga para mí maravillosa y alentadora, sabe siempre donde puede encontrarme...”

      Todo el que allí llegaba al era bien recibido. Cuenta mi padre que un día, ingenuamente alguien que venía de fuera entró en el café y preguntó “¿Qué hay que hacer para entrar en la tertulia literaria del Gijón?” , y él le contestó: “Empujar la puerta giratoria”.

      Pues bien, esta generosidad fue una constante en su vida. Abrió las puertas de “Garcilaso” primero, y de las revistas que dirigió con posterioridad “Acanto”, “Poesía Española”, “Mundo Hispánico”.... a escritores y poetas de diferente estilo e ideología.

      Martínez Cachero enumera en su libro, con gran rigor y profusión de detalles, los nombres que pasaron por las páginas de “Garclilaso”, algunos ya consagrados, como Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Manuel Machado; otros que empezaban entonces, como Carlos Bousoño, Leopoldo de Luís o el propio José María Martínez Cachero con su soneto “Oración”, publicado en el número 30 de la revista, y otros incluso que desde el primer momento habían manifestado su oposición a los planteamientos de la revista, como fue el caso de Eugenio de Nora y Victoriano Crémer, fundadores de “Espadaña”.

      En el capítulo titulado “Guerra de revistas: Cisneros y Espadaña contra Garcilaso”, Martínez Cachero recoge los planteamientos críticos de estos dos poetas. Sin embargo, un amplísimo epistolario entre Crémer y García Nieto nos muestra que, a pesar de las posibles diferencias entre ambos en ciertos aspectos de la creación literaria, la poesía con mayúsculas les unió mucho más de lo que nadie sospechaba y sirvió de base para una sólida amistad.

     Esta tarde me gustaría subrayar este aspecto con la lectura de algunos párrafos de este epistolario, que se encuentra recogido junto con otras cerca de mil cartas en la pagina Web que hemos elaborado sobre la figura de mi padre –www.garcianieto.com- que creo aportarán algo de luz sobre la relación entre los dos poetas.

      Victoriano Crémer escribe en el año 1946:

      “Mi querido amigo:

      Déjate convencer que con la complacencia no tengo bastante. De cualquier manera me basta saber que conservo tu amistad que es para mí lo verdaderamente importante. Te adjunto dos cosas para que de ellas utilices la que te satisfaga más o las dos si lo necesitas y lo prefieres. Siento sinceramente que te decidas a jubilar “Garcilaso” antes de que yo sepulte mi “Espadaña”. Esperaba que su mutis fuera conjunto. Porque yo también estoy convencido de que en este desvivirnos no alcanzamos sino soledad y acritud”...............y finaliza “No importa nada. Todo lo doy por bien empleado si con ello he conseguido dos amigos como Dionisio y como tú, a quien tan entrañablemente siento en mí de continuo.

       Te abraza. V. Crémer”


       Este epistolario se prolonga a través de los años. En 1963, García Nieto, con ocasión de la concesión del Nacional de Literatura a Crémer le dirige estas líneas....

      “Ha faltado muy poco, querido Crémer, para que fuera a darte un abrazo, el que quiero que ahora te llegue con estas líneas , en este papel, que he sacado para ti de un cajón que no abría hace veinte años. El mundo, sí, es como un pañuelo, como un pañuelo al que hay que pillarle los dobleces, al que hay que tentarle las vueltas, al que hay que coger a tiempo por los picos, por los cuernos. Hoy tú recibes un homenaje, y parece que fue ayer el otro ayer, el de hace veinte años, cuando tus homenajes me jorobaban tanto como a ti los míos. Hoy que estoy contento como unas pascuas por tu Premio Nacional –hasta por su peculiaridad paralelo al mío-, hoy que rabio por no poder estar ahí echando mi discurso y abrazándote fuerte, y presumiendo de profeta por aquello de que ‘íbamos a encontrarnos’. ¿Te acuerdas?.

      Gracias por tu poesía, gracias por tu amistad de hoy, por tu santa enemistad de otro tiempo. Gracias por haber sido un nobilísimo enemigo muy cercano, por ser hoy un seguro amigo que no puedo acercar más. Enhorabuena. Me gustaría abrazarte. Sí, me gustaría golpearte las espaldas y hacerte llorar si pudiera. Qué suerte de parábolas, que haz de ejemplos eres tú para mí en esta noria de la vida. Qué ingenuos de solemnidad, qué pobres tú y yo, qué graciosos y felices tú y yo que creíamos rodar en distinto cangilón. Qué ejemplares hoy los dos, juntos en lo fundamental, que es por lo que nos batíamos en tiempos sin saberlo.....

      Tú y yo nos hemos tirado los pucheros, los vasos, a la cabeza, y creo que hemos salvado el vino común. Los cacharros estaban vacíos y hacían ruido al romperse para que gozaran los papanatas o los envidiosillos. Hoy nos podemos reír, y podemos abrazarnos sobre los cascos rotos. El que rompe paga. Y quizá paguemos con el olvido de los que vienen, con la indiferencia de los de un poco después, o con el huracán posible en el que querrán hacernos desaparecer juntos, hermanados, confundidos, pero no confusos.

      Querido Caín, en todo caso, aquello, lo nuestro de entonces, me parece hoy el Paraíso. Gracias por tu furor de otros días. Hoy te mando un abrazo fuerte, hoy que has conseguido ese Premio tan merecido al Este del Edén”.

      He querido dar lectura a esta carta en su totalidad porque es un ejemplo de este espíritu generoso y conciliador que caracterizó a mi padre durante toda su vida y que llevó como un estandarte a todas las revistas que dirigió, abriendo sus puertas, como he dicho anteriormente, a poetas de todas las tendencias.

      Según palabras de Leopoldo de Luís “una de las mejores cosas de ‘Garcilaso’ fue la labor generosa de su director. Personalmente agradeceré siempre que hace varios años, cuando yo ni frecuentaba tertulias ni conocía a nadie, José García Nieto me abriera sus páginas para albergar mis poemas”

      Gerardo Diego resalta también la calidad humana del poeta y la trascendencia de la revista en un artículo titulado “Garcilaso y su nieto”. Termino con sus palabras:

      “José García Nieto es un poeta eternamente joven en su poesía tersa y en su aspecto terso. Creo que en este poeta de 37 años la tersura es la cualidad predominante. Ni nudo ni aspereza en su trato, en su amistad o en su gesto. Limpia ha sido su ejecutoria y siempre ha llevado y lleva Garcilaso en su ademán, su delicadeza, su ritmo con idéntica elegancia y condescendiente camaradería. Durante varios años dirige la revista “Garcilaso”, por él fundada. Ahora reaparece dirigiendo otra revista de poesía que será como aquella inolvidable un claro espejo de la poesía española. En “Garcilaso” colaboramos todos y si alguno dejó de hacerlo no sería por falta de su capitán que a todos invitó y acogió en sus páginas. La colección de la revista “Garcilaso” resulta imprescindible para el que quiera estudiar el momento de nuestra poesía en el trance de acercarse al medio siglo XX”.