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CORPUS-CHRISTI VILLACARRILLO
I
Cuanto más hombre el hombre, más se acerca, más vuelve con la sangre y con el alma a aquellas torres lúcidas que tuvo sobre la fe primera de la infancia. Dios venía trazando sus caminos, andando sus caminos sobre el agua, una fuente de paz era la vida, un largo de dulzura ilimitada y eran los brazos del Señor maderas que su cuidado con pasión cruzaban para hacer el navío prodigioso, para trenzar la invulnerable barca. Tener a Dios tan cerca de uno mismo y soñar día a día que llegaba, verlo habitante ya de nuestro pecho, sentirlo lumbre en la interior morada, era prevalecer sobre los males, era llevar "la música callada". Yo era la joven rama sosteniendo el fruto del Señor en la mañana, y alimentarme de su amor podía cuando tanto su amor necesitaba. Comulga el mundo entero cuando un niño se acerca a comulgar... "Y comenzaba el misterio, el encuentro, oh, sí, esperado con la indecisa claridad del alba; ya en el lecho, despierto; ya vigía de Dios que al mismo Dios se adelantaba. Entró la luz, y yo labraba cuna, tela tejía, templo levantaba, mesa cubría de anhelantes lienzos, ponía en el hogar tímida brasa. Tenía yo aquel día todo el pecho como un trigal naciente, toda el alma como un bosque de innúmeros caminos, y en la umbría, la miel ensimismada; un bosque traspasado de resina, un bosque con las hojas encantadas, un bosque con los nidos palpitantes y con la verde hierba intimidada. A mí llegaba Dios por vez primera, Dios Origen, anuncio, forma, causa, Dios quebrado por mí, para mí entero, clave de la infinita resonancia, secreto de mi paso entre los hombres, senda para mi pie facilitada. Fue aquel día, y quemaba Dios Delgado, Dios vecino, mi Dios en Sí se estaba. Veía yo mi casa por el aire, como una exaltación, una atalaya, para mirar a Dios desde su altura, al Dios que descendía y se entregaba. En el azul intenso, algunas nubes, portadoras de Dios y navegadas por Dios, hacia mis puertos de ventura dirigían suquilla aventurada. Fue aquel día, aquel día. El niño mío, el niño yo, niño anhelante estaba sobresaltando de pasión las cosas de la tierra de Dios, por Dios. La guarda del corazón montaba su vigilia y por los pulsos se me esperanzaba. Guerrero en una arena sin contrarios, esperaba impaciente la batalla; mesnadero de Dios, iba gozando de mi mesnadería y mi mesnada. El niño que yo era, se sabía niño de Dios, y entre la gente, el ascua, el incendio de Dios iba creciendo y en sus lenguas ardientes me abrasaba..."
Ahora, después de tantos años, vengo ganando mediodía en la jornada; si ya no soy el niño que antes era, vengo soñando el sueño que soñaba.
II
Desde Castilla a Andalucía, desde el trigal a los olivos, traen mis labios una oración, un adelanto del estío. Está el Señor amaneciendo, está ya casi amanecido, está anunciándome que viene, como hace tantos años vino, en una víspera de gozo entre vislumbres eucarísticos. Paso por tierras extremadas de soles altos y precisos, paso por campos donde el oro va madurándose tranquilo, por esa espiga que ya anuncia el blanco cuerpo de Dios mismo, por esa Mancha con la mancha verde que luego se hará vino... Como letras que van creando música, nombre sustantivo, una oración tengo en los labios que va encontrando su destino; es una luz que me desvela, que yo sé bien que he conocido, como ella misma me conoce; es como un pájaro cautivo entre las redes de mi pecho donde apenas le doy cobijo, es una forma de esperanza que me persigue y que persigo, es una unión que no merezco, es amistad con un amigo que en amistad con un amigo que en amistades se deshace y que por mí llega partido... Castilla se abre a Andalucía con una esperanza y un grito; llegan los verdes y los grises sobre los sienas y amarillos, y hay una entrada en el milagro muy lentamente producido. Ahora la tierra se levanta sobre sus olas de granito; la tempestad de las edades ha puesto un mar embravecido en esta piedra acumulada que finge altares y castillos, y hay una turbación unánime en lo cercano y lo prohibido.
"Blanca me era yo cuando fui a la era; dióme el sol y ya soy morena"...
Morena es y así se llama la sierra que ahora va conmigo, la que se abre como un fruto, la que llegó de aquellos trigos, y dióle el sol, y ahora es oscura, y se aprieta como un racimo, en los heraldos andaluces que anuncian todo el paraiso. Con vino y pan alguien decía que bien se andan los caminos; los caminos que van al cielo también se hacen con pan y vino, que en la mesa de aquella Cena fueron cuerpo y sangre de Cristo... Iba el viajerodescendiendo. Sudarios eran los manteles donde estaba el Cordero Místico; copas los árboles hacían para la sangre del Cautivo que en dos maderos se elevaba como un fruto desguarnecido. De norte a sur, y de este a oeste, una gran Cruz había visto, sobre una tierra que era suya bajo unos cielos infinitos. Pero es un Dios resplandeciente el que cobra su sacrificio, es un Dios de paz y armonía, extenuado, pero no extinto; elevado, pero no lejos; derramado, mas no perdido; increíble, pero certero; entre sombras, pero con brillo. Su centro ya tenía nombre, urna el tesoro presentido, alto granero la semilla, lugar hallado el pie divino. En las almenas andaluzas, donde tienen cuna los ríos, entre Chiclanas y Cazorlas, donde el halcón hace su nido, por cipresales y encinares, desafiando el precipicio, sobre espadas de condestables, sobre báculos de arzobispos, con orfebres renacentistas que en el oro rizan el rizo, con escudos de caballeros por los muros de los castillos, por espartos, hierros y barros y por los trances fronterizos, bajo la real Ciudade Reale y sobre el carmen granadino, tiene Jaén una hornacina que se llama Villacarrillo.
VIII
Ya sé dónde una torre se adivina y tiene por bandera una campana, y dónde se adelanta la mañana a recibir a Dios cuando camina.
Ya pasa entre dos ríos la divina fuente de sangre que por darse mana, ya cerca la esperanza más lejana, hecha rueda de luz y flor de harina.
Cuando en los olivares amanece, ya trae por el trigal más amarillo el nombre del Señor una paloma,
y entre las altas sierras ya se crece, como un altar de amor, Villacarrillo: el Balcón de la Luna y de la Loma.
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